Este artículo describe los intentos de un arquitecto –financiados por él mismo– de recuperar el pueblo armenio de Karaglukh. El proyecto conllevaba la construcción de cinco casas, una planta de transformación de productos agrícolas y una nueva iglesia, además de la restauración de otra antigua. Tanto el lenguaje arquitectónico como las técnicas de construcción utilizadas fueron completamente tradicionales: se emplearon materiales locales para dar continuidad, conectar lo antiguo y lo nuevo y, sobre todo, conservar la belleza del paisaje.
This article describes an architect's self-funded attempts to revive the war-devastated Armenian village of Karaglukh. The project involved the building of five houses, an agricultural processing workshop, and a new church, along with the restoration of an old one. Both the architectural language and the construction techniques used were uncompromisingly traditional, employing local materials for continuity, connecting the old and the new and, most importantly, preserving the beauty of the landscape.
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