Alejada la amenaza del pantano de Jánovas, el Ara sigue siendo el último río salvaje de los Pirineos. Es uno de los pocos cauces de montaña que se mantiene libre de cualquier tipo de aprovechamiento hidroeléctrico, por lo que goza de un excelente estado de conservación. Soporta, además, una baja presión demográfica y las pocas actividades económicas que giran en torno a su cuenca pertenecen casi por entero al sector agrario. Una joya en pleno corazón del Pirineo de Huesca.
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