La escasa presencia de tropas catalanes en el asedio de Tarragona de 1641 hizo advertir a los generales franceses de que no podrían contar con un decidido apoyo catalán para hacer frente a los ejércitos que Madrid no tardaría en enviar. Esto los llevó a asumir que, al menos de momento, deberían ser ellos quienes tirasen del carro en aquel frente de guerra, cosa que significaba la aportación del número de tropas necesario para mantenerse en Cataluña. En contrapartida, se conformarían con ser auxiliados por un contingente indígena menor y autónomo, pero permanente, de tropa reglada y profesional, organizado y financiado por el país. Estamos hablando del Batallón, que comenzó a formarse en 1642 y sirvió hasta la caída de Barcelona diez años más tarde.
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