Contra estas comunidades dúplices, en las que el papel de las mujeres podía llegar a ser verdaderamente relevante, alzaron su voz los clérigos carolingios; en su modelo eclesiástico, que pretendía el regreso a la pureza de los orígenes, introdujeron la idea de que las mujeres, poseedoras de mentes inestables, eran el sexo débil (...), Venían así a subrayar el drástico apartamiento de los sexos.
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