Muchos la conocieron, pero la barrera de acero con la que María Callas circundaba su fragilidad interior fue flanqueada sólo por unos pocos. Lluís Andreu, exdirector artístico del Gran Teatre del Liceu y del Teatro de La Maestranza, tuvo ocasión de conocerla más de cerca, tanto en Milán como en Barcelona, París y Madrid, ocasiones en las que pudo atisbar dentro de ese universo privado. Este artículo refleja la impresión que el arte y la personalidad de la Divina causaron en Andreu.
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