El urbanismo filipino ha contribuido a la formación de la moderna fisonomía urbana, y así lo ponen de manifiesto la plaza mayor regular, los cambios del Madrid capitalino y cortesano, y las ordenanzas de descubrimiento y población de 1573. Se trata de un urbanismo aleccionador por lo que tiene de practico y armónico, de esfuerzo de sistematización, de conjunción de logros y aspiraciones, de continuidad e innovación; en definitiva, es un urbanismo comprometido con la realidad, a la que pretende ordenar en el fondo y en la forma. De lo eficaz y adecuado de sus medidas habla el hecho de que hoy muchos de sus elementos cumplan la función para la que fueron creados o sea punto de referencia obligado para el estudio de determinadas medidas.
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