Estamos en medio de una noche oscura de 1593. En medio de una medianoche oscura, pues tenemos documentados los hechos históricos. El cuerpo de san Juan de la Cruz es trasladado sigilosamente por despoblados desde Úbeda, donde había muerto, hasta Segovia. El alguacil de Corte, don Juan de Medina, custodia los restos junto a los guardias que lo conducen en una litera. Al llegar a Martos se les aparece un hombre que les grita a grandes voces: "¿Dónde lleváis ese difunto, bellacos? Dejá el cuerpo del fraile que lleváis..." (Pasquau 1960: 2). La aparición "causó gran susto en el alguacil y sus compañeros, que se les espeluzaron los cabellos" (Fernández Navarrete 1819: 78-79). Más adelante en el camino aparece otro hombre, que vuelve a pedir cuenta al séquito de lo que llevaban e insiste en interrogarlos. En medio de tantos encuentros tensos, el conductor del féretro advierte que unas luces brillantes rodeaban la caja pequeña que contenía el cuerpo del santo.
We are in the middle of a dark night in 1593. In the middle of a dark midnight, because we have documented the historical facts. The body of Saint John of the Cross is moved stealthily by uninhabited people from Úbeda, where he had died, to Segovia. The court bailiff, don Juan de Medina, guards the remains together with the guards who lead him in a litter. When they arrive at Martos, a man appears to them who shouts at them in loud voices: "Where are you taking that deceased, rascals? Leave the body of the friar you are carrying..." (Pasquau 1960: 2). The apparition "caused the bailiff and his companions a great fright, and their hair became terrifying" (Fernández Navarrete 1819: 78-79). Further down the road another man appears, who once again asks the entourage for what they were carrying and insists on questioning them. In the midst of so many tense encounters, the pallbearer notices that bright lights surround the small box that contains the saint's body.
Estamos en medio de una noche oscura de 1593. En medio de una medianoche oscura, pues tenemos documentados los hechos históricos. El cuerpo de san Juan de la Cruz es trasladado sigilosamente por despoblados desde Úbeda, donde había muerto, hasta Segovia. El alguacil de Corte, don Juan de Medina, custodia los restos junto a los guardias que lo conducen en una litera. Al llegar a Martos se les aparece un hombre que les grita a grandes voces: "¿Dónde lleváis ese difunto, bellacos? Dejá el cuerpo del fraile que lleváis..." (Pasquau 1960: 2). La aparición "causó gran susto en el alguacil y sus compañeros, que se les espeluzaron los cabellos" (Fernández Navarrete 1819: 78-79). Más adelante en el camino aparece otro hombre, que vuelve a pedir cuenta al séquito de lo que llevaban e insiste en interrogarlos. En medio de tantos encuentros tensos, el conductor del féretro advierte que unas luces brillantes rodeaban la caja pequeña que contenía el cuerpo del santo.
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