Si bien la Convención de la UNESCO está firmada y aceptada por los Estados parte, son los municipios, las ciudades, los gobiernos locales en definitiva quienes suelen tener en última instancia la responsabilidad de la gestión y de la conservación del Patrimonio cuando la inscripción recae en un centro histórico. El ayuntamiento es por excelencia la administración y la institución de proximidad, la más cercana al ciudadano y la primera en recibir sus inquietudes. Son quienes mejor conocen las debilidades del Patrimonio y sus amenazas, pero también sus fortalezas y sus oportunidades. Es por ello que la gestión municipal tiene un papel fundamental en la correcta aplicación de los valores de la Convención del Patrimonio, un valor que se fortalece y potencia cuando las ciudades se unen en redes de cooperación municipal y aúnan esfuerzos, intercambian experiencias y conocen las buenas prácticas en la gestión del patrimonio. Veremos dos casos en los que la ciudad de Córdoba (España) viene trabajando intensamente desde hace más de 25 años tanto a nivel nacional como a nivel internacional: el Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España (GCPHE) y la Organización de Ciudades del Patrimonio Mundial (OCPM).
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