El aparentemente difícil objetivo de convertir un local situado en el Ensanche barcelonés en un referente directo del paisaje mediterráneo y marítimo de Cadaqués, ha sido logrado aquí merced a la hábil sistemática con la que los autores han sabido utilizar los materiales y el color en su diseño.
El diseño de Compartir Barcelona pretende recrear parte del espíritu tan propio de Cadaqués, con sus calles empedradas de pizarra, sus ventanas azules asomándose al Mediterráneo, sus barcas meciéndose suavemente en la bahía o varadas espontáneamente bajo pasajes abovedados, la artesanía de sus comercios invadiendo las estrechas calles con cestas, mimbres, tejidos… y ese aura artística, casi pictórica, que envuelve la villa, pero interpretado desde una perspectiva más urbana y contemporánea.
El restaurante se sitúa en un amplio y clásico local del Eixample Barcelonés, con una espectacular estructura metálica de principios de siglo. Uno de esos locales donde uno imagina una galería de arte con grandes cuadros abstractos, tan abundantes en el barrio. Y así es, también como se ha imaginado el diseño: un gran espacio blanco presidido por tres grandes ventanas azules al mar Mediterráneo. El contrapunto lo dan las formas curvas de espejos y ligeros biombos de mimbre y ratán, convertidos en cálidas lámparas, los cuales, situados de forma espontánea a lo largo del local, recrean un paisaje abstracto de velas y barcas.
Las barras y cocinas se muestran con formas sencillas y rotundas y con los materiales, colores y texturas que configuran el paisaje propio de Cadaqués.
El tono gris de la piedra pizarra y su aplicación en “trencadís”, junto con el color teja luminoso de los tejados, en contraste con el abstracto e intenso azul de las ventanas, crean un potente conjunto que se puede leer en términos casi pictóricos, y pretenden dialogar con las increíbles composiciones de color y textura de los platos propios del restaurante.
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