En Barcelona, la flamante Villa Olímpica lleva estampada el nombre de Nova Icaria. Ahí se paran las resonancias utópicas. Martínez Alier argumenta en este artículo que el urbanismo en Barcelona ha plantado cara a la ecología en beneficio del urbanismo de cemento y obras. El escaso crédito oficial que han disfrutado autores como Cebriá de Montoliú, Morris, Geddes y Howard es una buena muestra de ello. Una forma de hacer ciudad, o metrópoli, que simbolizaba aquél alcalde que, al contemplar Barcelona desde lo alto, exclamaba: "¡Cuanta propiedad inmobiliaria!"
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