Nuestra sociedad está viviendo un cambio de paradigma. El paso de la era industrial a la era del conocimiento produce cambios significativos a un ritmo acelerado y términos como: globalización, sociedad de la información, sociedad del conocimiento, innovación, talento, creatividad, sostenibilidad, revolución 4.0, etc., se han ido incorporando a nuestro vocabulario habitual.
Cada día resultan más presentes, tal vez inevitablemente, en nuestras profesiones y nuestras vidas.
De todo ello, se deriva que el desempeño profesional también desde lo público resulta más complejo y precisamos convivir proactivamente con otras áreas del saber. Las barreras del conocimiento parcelado las hemos tenido que superar definitivamente y la participación constructiva ha venido para quedarse. En ello tiene mucho que ver también los desarrollos tecnológicos. Como apunta el profesor Castells en el prólogo de su libro Sociedad informacional: el mundo es cada vez más plano y puntiagudo.
Ante los retos que se presentan, el binomio territorial que conforma el eje Bilbao-Bizkaia ha sido una apuesta decidida de las Instituciones Públicas Vascas que evidentemente han sido y son conscientes de la complejidad descrita.
El proyecto de Museo Guggenheim-Bilbao marcó un antes y un después en el concepto de Cultura como inversión y no como gasto. Se presentó como una oportunidad para el desarrollo social y económico de la Ciudad y por extensión del Territorio, con vocación internacional. Un nuevo modo de gestionar abrió las puertas a otros proyectos, que teniendo como base la Cultura y el Patrimonio, presentaron sus credenciales como potencial transformador de una realidad en decadencia. Un proyecto discutido y cuestionado en su génesis por una parte de la sociedad, ha cumplido con éxito 20 años. Ha supuesto un salto cualitativo sin precedentes en la percepción de la Cultura como factor de desarrollo. En un futuro próximo, debería continuar generando impactos positivos y duraderos al Territorio.
Quienes llevamos un tiempo dedicados y dedicadas a la Gestión Cultural y del Patrimonio, hemos visto y vivido en Bilbao-Bizkaia la creciente aportación del sector de la Cultura a la transformación de la Ciudad y del Territorio. Su papel como tractor en la recuperación de espacios deprimidos y en desuso, derivados de las crisis del modelo industrial que hunde sus raíces en el siglo XIX. En definitiva, se han retomado de algún modo los valores motrices de ese pasado industrial para generar nuevas oportunidades desde la Cultura. Se han propuesto nuevos escenarios y nuevas perspectivas a una sociedad que mira al futuro con expectativas
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