El hecho de alcanzar una determinad edad, en concreto la denominada ¿tercera edad¿, afecta al modo y condiciones de vida de la persona, y en definitiva, a su calidad de vida. En dichos cambios influyen factores de índole diversa: físico, familiares, sociales, económicos, de salud..., elementos todos ellos que, unidos, desembocan, en muchas ocasiones, en el internamiento en un Centro de ancianos.
Esta práctica, tan habitual en nuestros días, no está exenta del control judicial y médico forense adecuados, a efectos de velar por su legalidad y garantizar el respeto de los derechos y las mejores condiciones para las personas mayores.
La referida actuación de los órganos públicos, no es, sin embargo, una realidad conocida socialmente, donde impera la idea que concibe el internamiento de los mayores en Centros para la tercera edad, como una cuestión sujeta única y exclusivamente a la discrecionalidad de la familia, dependiente sólo de factores de tipo económico.
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