El actor encarna en "la vida padre" a un personaje que le va como anillo al dedo: un cocinero de Bilbao. Él, que no quiso estirar el chicle de "Ocho apellidos vascos", explora la demencia y las relaciones paternofiliales en clave de comedia. Y aclara que para hacer llorar al espectador hay trucos, pero para hacer reír...
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