El objetivo de este trabajo es analizar la situación presente y la más probable evolución futura del sector del automóvil en España. La fabricación de automóviles y de sus componentes es muy importante para la economía española tanto cuantitativamente (6-10% del PIB, 8-11% del empleo depende directa o indirectamente de él y 20-25% de las exportaciones) como cualitativamente (sector innovador, exportador y de primera línea en conceptos y en actividad).
El futuro industrial de España estará claramente influenciado por el futuro del automóvil. Y la continuidad de este sector está en grave peligro. Pero es un peligro predecible y controlable.
Actuar no es fácil. Por un lado, la propiedad de una gran cantidad de empresas del sector y el poder de decisión asociado a ella está fuera de nuestro país. Y por otro, la política industrial está transferida a la mayoría de las Comunidades Autónomas donde se ubican los centros productivos, por lo que la coordinación institucional es difícil. Además es un sector que, hasta ahora, siempre ha ido bien y, en general, las administraciones no han creído necesario dedicar recursos para prevenir percances empresariales.
Este documento va a defender una política activa de defensa y apoyo del sector del automóvil a pesar de quienes estiman que la industria del automóvil es una industria madura que no tiene futuro en España y, por tanto, no merece la pena invertir recursos en su protección. Si este fuera el caso, lo que debería exigirse a las administraciones es coherencia y, entonces, que no gasten ni un euro más en una industria sin futuro. No es ésta la opinión del autor, pues la terciarización de la economía española se centra en servicios ordinarios a residentes, en el sector turístico, fuertemente dependiente de las condiciones socioeconómicas del entorno, y en una construcción disparada tanto por unos tipos de interés muy bajos como por las ayudas provenientes del último gran paquete de fondos europeos. Una economía basada en este tipo de servicios es demasiado volátil y necesita un contrapeso industrial, aunque la industria del automóvil sea madura y mayoritariamente de capital extranjero. No es pecar de exceso de pesimismo predecir un entorno económico durísimo alrededor de 2010 en el que la actividad industrial será muy necesaria para equilibrar las cuentas de la economía nacional.
Este documento trata de perfilar las líneas maestras de una visión del sector del automóvil, especialmente del componente industrial, para el Estado Español. No indica, ni mucho menos, la solución a las amenazas que se ciernen. El objetivo es mucho más humilde: cuantificar la magnitud del problema y establecer unas líneas básicas de actuación. Como entiendo que los estudios del Laboratorio de Alternativas deben tener un carácter pragmático, articularé este trabajo en torno a diez líneas de actuación concretas:
• Definición de una visión estatal de la industria del automóvil.
• Creación de un observatorio sectorial con empresas, sindicatos y Administración en el que se expliciten todas las necesidades sectoriales, en especial la flexibilidad, y se anticipen y evalúen las crisis potenciales.
• Definición de una interlocución sectorial única: creación de una Dirección General del Automóvil.
• Modificación pactada de la legislación laboral para maximizar la flexibilidad laboral (bolsa de horas).
• Coordinación autonómica de las políticas de apoyo sectorial, incluida la mejora de infraestructuras, en especial tren, energía y comunicaciones así como la coordinación de centros tecnológicos. Potenciación de una imagen de marca: España, un país del automóvil.
• Potenciación, apoyo y coordinación de las asociaciones y agrupaciones territoriales (clusters).
• Priorizar las líneas de investigación con futuro donde España puede ser líder (fuel cell, innovación en procesos, etc.).
• Potenciación de la creación de una cultura del automóvil (formación, congresos, ferias, etc.).
• Trato fiscal coherente con los intereses del empleo, tanto a fabricantes como a proveedores y, en alguna medida, concesionarios, considerando prioritario el rejuvenecimiento de la fuerza laboral.
• Complicidad positiva de las administraciones con el sector (p.e. posibilitando recalificaciones de terrenos para realizar nuevos centros productivos que mantengan la capacidad industrial).
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