Una de nuestras principales preocupaciones en América Latina hoy, como también lo es de la Compañía de Jesús en todo el mundo, es la de garantizar que tengamos sucesores, jóvenes de cualidades y grandes deseos, que respondan al llamado de Dios, sigan el mismo camino que nosotros hemos seguido, puedan continuar llevando adelante nuestra misión y mantener vivo y actuante el carisma y espiritualidad que nos caracteriza y que, a través de Ignacio, Dios concedió como un precioso don a su Iglesia.
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