Zaragoza, España
En nuestra sociedad del conocimiento la ciencia es nominalmente venerada pero, en la práctica, es relegada o manipulada por los poderes políticos y económicos. La geología tiene un objeto de estudio complejo y dispone de información limitada para elaborar sus modelos. Su margen de incertidumbre abre el camino para que sus resultados sean moldeados a gusto del interesado. Los recursos del subsuelo son la base de negocio de grandes compañías que mueven capital impulsadas por expectativas de reservas, probadas o no, que cotizan en los mercados. ¿Podemos creer que los estudios exploratorios cuan- tifican siempre esas reservas de forma rigurosa? Con respecto a las catástrofes naturales, pervive en nuestra sociedad una preocupante ignorancia. Se menosprecia el peligro; se arremete contra la Tierra con obras innecesarias que interfieren con su dinámica; se muestra escasa capacidad para abordar la gestión preventiva, y finalmente se lamentan las fatales consecuencias de las “fuerzas de la naturaleza”. La sismicidad inducida por la inyección de gas en el almacén Castor, el obstinado proyecto de recrecimiento del embalse de Yesa, las dolinas ignoradas durante la expansión urbanística de Zaragoza, o el contencioso de constructora española en el Canal de Panamá por la inadecuada evaluación de las propiedades del terreno: estos casos evidencian una lastimosa imprevisión y una instrumentalización de los estudios geológicos, propiciada por controles admi- nistrativos ineficientes y por la escasa cultura científica de quienes toman las decisiones (Simón, 2015). Vistas las consecuen- cias económicas de muchos de esos “contenciosos geológicos”, cabe preguntarse si esa torpe gestión de las incertidumbres científicas no es una estrategia en sí misma.
In our knowledge society, science is nominally revered but, in practice, relegated or manipulated by political and economic powers. Geology has a complex subject of study and has limited information available to develop models. Its margin of uncer- tainty opens the way for the results to be tailored to the interested party. Underground resources are the business of big com- panies that move capital driven by expectations of reserves, proven or not, that are quoted in the markets. Can we believe that exploratory studies always quantify these reserves in a rigorous way? Concerning natural disasters, a worrying ignorance persists in our society. Danger is underestimated; the Earth is attacked with unnecessary works that interfere with its dyna- mics; scarce capacity is demonstrated to deal with preventive management, and finally the fatal consequences of the “forces of nature” are lamented. The seismicity induced by injection of gas into the Castor reservoir, the obstinate project to enlarge the Yesa reservoir, the sinkholes ignored during the urban expansion of Zaragoza, or the dispute of a Spanish construction company in the Panama Canal due to the inadequate evaluation of rock features: these cases show a pitiful lack of foresight, as well as manipulation of geological studies, prompted by inefficient administrative controls and a lack of scientific culture of those individuals that take decisions (Simón, 2015). Seeing at the economic consequences of many of these “geological disputes”, it is worth asking whether this unskilled management of scientific uncertainties is not a strategy in itself.
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