En el trabajo, un nuevo compañero con el que tenía afinidad hizo el otro día un comentario que considero racista e inmediatamente sentó un cierre interior hacia esa persona. Vulgarmente se diría que le puse una cruz. Eso me hizo pensar en la cultura de la cancelación. Recordé también vivencias pasadas, donde he expulsada de mi vida a personas que me han hecho dado o me han decepcionado. ¿Cuándo es legítimo, si lo es, expulsar y cancelar a alguien?
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