En el año 585, el rey franco Gontrán de Borgoña decidía lanzar un ambicioso ataque sobre la última posesión visigoda en la Galia, la provincia de Septimania. El momento no podía ser más crítico para los intereses de Leovigildo, ya que en ese momento el monarca se encontraba embarcado en la campaña para someter al reino suevo, por lo que buena parte del potencial bélico disponible se encontraba desplegado a más de 500 km de distancia de la nueva amenaza.
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