Estamos como lo señala Arroyave (2003) ante un panorama educativo, no ajeno a los fenómenos que generan una sociedad pluricultural; escenarios educativos con nuevas características que se traducen en la convivencia de grupos, de sujetos / alumnos cada vez más homogéneos. Del mismo modo, el derecho a la igualdad social y educativa, el respeto a las características personales, de raza, etnia o religión exigen cada vez a la educación en general y a las instituciones educativas en particular, de dar respuesta y respeto a la diversidad. Hemos de entender la Diversidad como un valor educativo que pone a nuestro alcance la posibilidad de utilizar determinados procedimientos de enseñanza difícilmente viables en situaciones de alto grado de homogeneidad. Lo anterior nos conduce a reflexionar en el sentido de que la respuesta educativa a este nuevo enfoque en tal vez, el reto más importante y difícil al que se enfrentan en la actualidad los centros docentes. Esta situación obliga a cambios radicales si finalmente se pretende que todos los alumnos, sin ningún tipo de discriminación, consigan el mayor desarrollo posible de sus capacidades personales, sociales, intelectuales y motoras. La nueva Educación Física necesita una especial atención en el sentido de brindar prácticas diversas o alternativas en cuanto a la función compensadora de las desigualdades de origen, que propicien experiencias corporales positivas en función por supuesto de las distintas limitaciones y potencialidades del ser humano, de tal forma que no se valore sobre todo la eficacia y el resultado sino que se ponga el acento en el propio proceso de enriquecimiento como experiencia humana de relación. Es el llamado a la revolución pedagógica que busca la conformación de una posición más diversa o lo que es lo mismo más humana.
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