Madrid, España
El primer hecho a reseñar cuando tratamos de la Atenas de Pericles tiene que ver con la aparente contradicción que existe entre el régimen político que existía en Atenas –y al que Pericles contribuyó a dar forma–, la democracia o gobierno del pueblo (demos), y el hecho de que personalicemos el periodo en la figura de un solo individuo, en este caso, el propio Pericles. Una contradicción que muchos de sus contemporáneos no pudieron dejar de observar y criticar –a veces con dureza– pero que Tucídides (II.65.10), con una agudeza extraordinaria, definió como “de nombre una democracia, pero de hecho el gobierno del primero de los ciudadanos”. Pericles, pues, gozó de un poder –o de una influencia, que en ocasiones viene a ser lo mismo– muy superior a la que su cargo constitucional de general o strategós le permitía. El problema a dilucidar en este trabajo es si Pericles actuó de manera proactiva para atraer y rodearse de las figuras más sobresalientes y relevantes de la intelectualidad ateniense y griega del momento o si, por el contrario, su presencia en Atenas fue fruto de una conjunción de circunstancias que convirtió a la ciudad en un lugar apto para que atenienses y extranjeros desarrollasen en ella sus actividades.
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