Durante el primer trimestre de 2009, la economía española intensificó su ritmo de contracción, en un entorno internacional muy desfavorable y un contexto financiero de elevada tensión. El PIB disminuyó un 3% en términos interanuales y su tasa intertrimestral se situó en el –1,9%. El retroceso de la actividad se debió al desplome de la demanda nacional (del 5%, en tasa interanual), ya que la demanda exterior neta tuvo una contribución positiva de 2,3 puntos porcentuales (pp) del PIB, como consecuencia de una fuerte caída de las importaciones, que superó al también acusado debilitamiento de las exportaciones. Los indicadores disponibles referidos al período de abril-junio apuntan a una prolongación de las tendencias contractivas, aunque a un ritmo más contenido, en un entorno caracterizado por una cierta normalización de los mercados financieros y unas condiciones externas menos severas
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