Inmersos, como nuestros contemporáneos, en una cultura marcada por la aceleración, los cristianos vivimos la experiencia de la tiranía del tiempo y nos sentimos de vez en cuando tentados de pasar rápidamente la página para continuar acumulando saberes, vivencias, relaciones...La dinámica creadora y, en continuidad con ella, la encarnación del Hijo, son lugares teológicos y espirituales que nos invitan a considerar nuestra relación con el tiempo de una manera nueva. El misterio de la vida oculta de Jesús despliega ante nuestros ojos -fatigados de estímulos y de pantallas- ciertos significados que nos invitan a embarcarnos en una cadencia sosegada, la cadencia de la encarnación.
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