El pasado mes de marzo falleció en Nueva York la soprano estadounidense Anna Moffo. De ella sí puede decirse en justicia que era una artista, porque en todo lo que cantaba había una fuerte voluntad expresiva, a menudo teñida de seducción, como sucede en su Traviata, o en su Thäis. Sin el talento como actriz de Callas, el timbre irresistible de Caballé, la elegancia de Schwarzkopf o la belleza de Lisa Della Casa, yaun con claros límites vocales, poseía todas estas cualidades, y además era muy fotogénica.
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