Es reseña de:
En el próximo mundo
Mario Campaña
Barcelona : Candaya, 2011
Cancelada por tanto la posibilidad de un paraíso temporal en el futuro o en el pasado, el sujeto poético encuentra, sin embargo, cierto consuelo en la intimidad que le ofrece un tiempo intenso y «sedoso», que se opone o bien a símbolos lineales que se vinculan con la inutilidad del progreso o bien al «tumulto que nos persigue»: «Y así, en el frío invernal de una redoma, / es sedosa hoy la compañía, / sedoso el instante sedoso el mar, / Sedosa libertad: lejos / la pértiga, el bastón, la vara / que nos conducían amablemente / En nuestro torpe deambular vacío.» Se habla entonces de una orilla, «nuestra orilla», diferente de la «otra»: «Y así permanecemos aclamando ebrios / Briosas olas que revientan / En nuestra orilla inmarcesible / En escapadas victoriosas. / Tardes de pasto y mar para el amor al aire libre / Cuando el alma vaga sin congojas / Al aire sano en expansión irrevocable /[...]/ [. . .] /Se aleja así de la otra orilla/ Donde aún se escuchan los relatos más terribles/ Que el alma, sin penurias, ya interpreta.» En otro poema, la creación es un río que se ha secado: «De aquella noche / despertamos sobrios con el sol / y descubrimos que había desaparecido el río», (p. 88) El poeta aparece, correlativamente, como un pescador que siente el llamado del río pero que ya no puede pescar: «invariablemente cundía el zumbido, / el viejo rumor alborozado. / Y como antes, saltábamos alegres / restregándonos las manos. / Pero el eco llegaba de muy lejos. / Las redes estaban mustias [...] / [...] / como un ruinoso laberinto sacudido por el aire. / Anzuelos y sedales atacados por la herrumbre. / Las carnazas comidas por los pájaros. / Así vivíamos, cuidando el lecho / Sin descanso preparando almácigas. / El río aún nos invitaba con su limo.» Cuando nos habla de su casa, de ese espacio a un tiempo real y simbólico donde reside la posibilidad de la poesía, lo hace desde fuera y se pregunta si será aceptado en ese hogar de nuevo: «Y yo la contemplo [la casa] una vez más / Desde esta inminencia inesperada / Preguntándome sin fe si puede / Acogerme alguna noche todavía, / Si puedo un día de viaje / Acercarme y golpear su puerta, / O espiar al acecho sus zumbidos, / El lecho de su sueño duradero.»
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