Es reseña de:
Decencia
Álvaro Enrique
Barcelona : Anagrama, 2011
Es una costumbre que mantienen desde hace años. ;Por qué, entonces, apenas empezada la novela, el padre sale a escondidas para no toparse con sus hijos -a quienes llama godos- y sus hijas -a quienes llama vikingos-? Harto de su familia, el jefe del hogar se escabulle por el jardín de la mansión y se va a caminar y a fumar un día del año 1973. La novela cuenta, por una pane, las peripecias por las que debe pasar este disparejo cuarteto en su huida por los caminos marginales de México, hasta llegar a la ciudad capital; por otra, el relato registra los recuerdos de Longinos que nos van descubriendo que el plagiado es nada menos que un patriarca de la Revolución mexicana. La literatura en Enrigue se presenta como una suprema forma del irrrespeto, esto es, como una reconquista de la otra verdad. ¿Cómo desconocer los nexos que la literatura establece con la realidad y con la historia -y con la tradición literaria- cuando se lee una frase como esta?: «Nuestros rebeldes eran más bien grupos de bandidos que se aprovecharon de la situación para ir matando de a poco y sin concierto a la autoridad de por sí escasa que temamos en el pueblo. La novela nos invita a reflexionar, además, sobre el lugar que le hemos asignado a la ira y al machismo en nuestra cultura contemporánea: «la parte final de la Revolución había implicado tantos fusilamientos y masacres que el gobierno alcanzaba para todos los generales que quedaron vivos.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados