Es reseña de:
Amanece en nuestras vidas: Lí iwiakmarin tsawrai/Achikyamun ñucanchik kawsayta: Antología de poesía y cuento de mujeres indígenas ecuatorianas
2011
Ni en kiché ni en quechua ni en guaraní, por ejemplo, tenemos datos comparables a los del mundo náhuatl, si bien se trata de lenguas cuya vida y riqueza parecen fuera de duda. Los poemas de Amanece en nuestras vidas son los primeros de estas lenguas que alcanzan un registro alfabético; si tenemos en cuenta que la mayor de las autoras antologadas, Luz Aurora Chinille Vacacela, tiene 59 años de edad, y las menores, Diana Gualapuro y Nari Huayta Lema Muenala, apenas si alcanzan los 12, podremos notar cuán adecuado es el título del libro y cuál puede ser el estado de espíritu y la capacidad adaptativa de estos pueblos que han sabido sobrevivir en medio de los avatares del tiempo y de la historia. Un gran Otro, en forma de naturaleza o familia o grupo, está siempre presente en todo discurrir, aun en los casos en que la voz alienta sobre la materia amorosa, como en el poema Ñutita, de Esperanza de Lourdes Llasag Fernández: «Amor, como la flor de amapola, amo tu olor / natural de agua cristalina, vital para la vida / gira, gira sin cansarte, alrededor del mundo / enamorada de las cosas que haces/ lenta como la lluvia de la tarde / aire que calma mi dolor» (p. 80).
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