Es reseña de:
La piel del miedo
Javier Vascónez
2010
Todo enfermo crónico comprende hasta qué punto determina una enfermedad el aparato sensible y conceptual de la persona; cada enfermedad crónica impone una manera distinta de estar en el mundo, y cuando se es enfermo desde la adolescencia, o incluso la infancia, ésta obliga a una negociación que es necesario establecer con la enfermedad por el control y la autonomía de la persona. Aunque la narración avanza en orden cronológico, su temporalidad es muy similar a la de la memoria: impredecible, elusiva, elíptica, poblada de vacíos insondables, enturbiada, en este caso, por el miedo («no veo mi vida únicamente a través de la memoria», nos dice el narrador, «sino desde el lugar donde creo haber estado siempre, el mirador de mi propio miedo»). Y también: «Sin duda era el mismo miedo que experimentaba frente a todos los adultos, especialmente cuando tomaban la palabra y parecía que tuvieran siempre la razón.» Hacia el final, el narrador dice: «A mi mente volvió el recuerdo de mi casa, más bien como un estado de ánimo que como un lugar donde vivir.»
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