Es reseña de:
La noche y su artificio
Cristina Peri Rossi
Valencia : Cálamo, 2017
De modo análogo, la madurez se expresa a través de la conciencia de la proximidad de la muerte, a la que apela directamente: «Te conozco, hija de puta / Estás jugando conmigo / asediándome / rondándome / poniéndome a prueba», y que ha sentido de cerca con el fallecimiento de su hermana Inés: «Ahora que has muerto / sé que la vida iba en serio / no era un juego de niños / en la playstation». El erotismo insurrecto se trasplanta a la descripción de la ciudad, concebida como un escenario sexualizado: «Regreso tarde / el escenario vacío / sin gente / y yo le hablo a la ciudad / le digo cosas / te amo te quiero t'estimo / aunque sé que esa noche / -tarde- / tampoco Barcelona / será mía / como una mujer histérica / cuando más la amas, / más se esconde». En la tetralogía de «Comunión », se expone la sacralización de la sangre de la amante, muestra de complicidad del amor lésbico e incestuoso, del dolor menstrual compartido: «y yo deposito mis manos cálidas sobre tu vientre / lamo tus lágrimas / acuno tu dolor y lo mezo / tu dolor es el mío / partenogénesis que llamamos amor».
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