Barcelona cuenta desde hace 61 años con uno de los primeros museos de música de Europa, y este mes estrena sus nuevas dependencias en el edifico de l'Auditori. La vida de esta institución no ha sido siempre un camino de rosas. Pero gracias a innumerables prohombres amantes de la música -y de la ciudad-, ha sido posible que esta colección fuese mantenida y ampliada, no importando que el espacio, el dinero y los medios técnicos truncase su ilusión. Este artículo se adentra no sólo en el aspecto organológico, sino también en la posición de la lírica dentro de la colección.
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