La cera, un material mimético que adquiere mil formas. Material orgánico, que huele y reacciona a los cambios de temperatura, en ocasiones, sudando y agrietándose como la piel humana. Material antropomórfico por su capacidad de crear la ilusión de una realidad tangible de carne y hueso. Material simbólico por su mutabilidad e idoneidad ante la transformación.
En este artículo exploraremos las diferentes facetas de la cera centrándonos principalmente en su uso en la representatividad humana, más allá del arte, sobre todo en la creación de artefactos didácticos como las venus anatómicas o los moulages patológicos que sirvieron para la enseñanza de la medicina en los siglos XVIII y XIX. Dedicaremos una mención especial al Museo Olavide de la Academia Española de Dermatología y Venereología, museo de ceroplastia dermatológica, que, por una serie de casualidades históricas ha mantenido su colección intacta a través del tiempo pudiéndose recuperar la esencia de la educación de esta especialidad.
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