Posiblemente, desde tiempos primigenios, las sociedad intentaron organizar el entorno y explicarlo a través de fórmulas que en primera instania nacieron de la magia. Los fenómenos celestes y telúricos, así como los hechos cotidianos, tuvieron su justificación en creencias vinculadas a lo sobrenatural o a una realidad alternativa, cuyos sucesos no estaban bajo la voluntad directa del hombre que, sin embargo, podía encauzarlos de alguna manera a través del rito y la propiación. Estas cosmovisiones intentaban contemplar la realidad y sus diferentes facetas bajo un solo sistema explicativo y en su totalidad.
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