El artículo se desliza a la luz de una experiencia que tuve en Ravena, en el mausoleo de Gala Placidia, mirando los mosaicos que representan animales, estrellas, aguas y plantas y las dos ciervas que beben en una fuente. Aquel lugar me hizo sentir que el alma corporal lleva en sí ese inmenso espacio habitado, y que tiene sed como las dos ciervas y como millones de animales y personas, plantas y minerales en la tierra, que sufren la sequía, las guerras o la lejanía del amor. Hablar, como muchos hablan de “Salvaguarda de la creación”, muestra la arrogancia humana y sigue la lógica violenta del patriarcado. A la naturaleza hay que reconocerle su venir de más allá y por tanto su misterio. Ella está ahí y está ahí desde antes que nosotras y por eso nos enseña.
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