El sistema nervioso central (SNC) es uno de los órganos más importantes de los seres vivos ya que se encarga de recibir y procesar la información, así como de generar respuestas frente a los estímulos recibidos del exterior. Este hecho, ha provocado que, además, el SNC sea uno de los órganos más protegidos. Concretamente, en los seres humanos se encuentran 4 tipos de estructuras de protección: los huesos (cráneo y columna vertebral), las meninges, el líquido cefalorraquídeo (LCR) y la barrera hematoencefálica (BHE). La BHE es la encargada de limitar el acceso de microorganismos y sustancias tóxicas al SNC. Sin embargo, también es la responsable de la falta de eficacia de muchos de los fármacos diseñados para el tratamiento de enfermedades neurológicas. La cada vez mayor prevalencia de estas enfermedades y la falta de éxito mencionada con anterioridad hace necesario el desarrollo de nuevas estrategias de cribado que permitan seleccionar aquellos fármacos o formulaciones más prometedores en estadíos tempranos de su desarrollo. En este sentido, en el año 2013, Mangas-Sanjuan et al. desarrollaron un sistema de evaluación in vitro con el que se podían predecir los principales parámetros que describen el acceso y la distribución de fármacos en el SNC.
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