La situación del campo carlista en la primavera de 1837, las negociaciones en curso, unidas a la “fiebre” por lanzar tropas al interior de España, solo podían desembocar en un resultado: se montaría una gran expedición que, confiando en que “bastaba la presentación de una boina para levantar provincias enteras”, llevaría a don Carlos a Madrid. Los efectivos totales sumaban 10 780 infantes y 1200 caballos. Suponían, pues, el grueso del ejército, sin bien la expedición partió sin acémilas de intendencia, sin armeros, ni fraguas de campaña, ni pontones, con escasez de municiones, sin calzado de repuesto y con solo 2000 reales. A pesar de todo, empezó su andadura repleta de esperanzas. Una alocución del 20 de febrero ratificó la impresión general de que se emprendía el camino hacia un final victorioso de la guerra.
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