Las ciudades están queriendo ser más verdes, más saludables, más habitables. Esto es excelente, mas aun después de experimentar la ‘esencialidad’ de estos espacios verdes frente a una crisis como la causada por el COVID. Otro efecto beneficioso conocido por todos es el efecto burbuja de calor, que hace subir la temperatura en la ciudad y que se combate con menos motores y más vegetación. Plantar árboles siempre ha sido un buen argumento político y de buena imagen, pero ha escaseado una buena planificación a largo plazo. Analizándolo, nos damos cuenta de que se ha abusado de algunas especies, más o menos idóneas, que han derivado en monocultivos que sin una adecuada gestión llevan consigo desequilibrios ecológicos, carencias y fisiopatías que derivan a su vez en más desequilibrios en la ciudad, que ya de por sí es desequilibrada, y generan auténticas invasiones de plagas que hacen que la ciudadanía reclame volver a la calle vacía y al asfalto caliente en aras de la limpieza y la seguridad.
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