La consideración del cólera de 1834 en Vitoria como epidemia menor, derivada del deficiente recuento oficial, contrasta con su papel en la introducción efectiva de la patata en la dieta urbana. Se propone una contabilidad alternativa mediante registros sacramentales para determinar su alcance real. Frente a los 62 fallecimientos oficiales entre agosto y noviembre, se contabilizan 142 defunciones sacramentadas por encima de la media de su decenio.
Se concluye que el recuento oficial solo contabilizó una pequeña fracción de afectados, probablemente por interés económico, no siendo representativo de la incidencia real. La mortalidad atribuible alcanzaría el doble de las cifras oficiales pudiendo triplicarlas, pues el cambio de tendencia sugiere un inicio de la epidemia a últimos de junio, y no en agosto, cuando se declara.
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