El utilitarismo dominante expone a la filosofía a un doble riesgo para su preservación como “saber libre”: de un lado, el desprecio de las masas y de las instituciones económicas y culturales, de otro, su propio “suicidio” al proclamarse útil y práctica para huir de aquél desprecio social. Para preservarse, la filosofía debe asumir su inutilidad frente a la cultura dominante y delimitarse claramente, como saber teórico, frente a la religión y las nuevas formas de espiritualidad en boga concurrentes en el mercado terapéutico de la autoayuda y del cuidado de sí mismo. Para ilustrar la relevancia de su clara distinción frente a la religión y la nueva espiritualidad, se valoran tres propuestas filosóficas contemporáneas dispares respecto a la demarcación entre filosofía y religión: la filosofía del absurdo de Camus, que propicia todo el análisis; la analítica existencial de Heidegger, y la “espiritualidad atea” defendida recientemente por Comte- Sponville.
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