A pesar de ser considerada una de las enfermedades del presente, la soledad cuenta históricamente con una mejor versión como remedio de los males del alma. Una noción de esta visión puede hallarse en algunas de las producciones más elevadas de nuestra tradición cultural, como, por ejemplo, la de algunos místicos españoles de los siglos XVI y XVII o en la más lejana antigua grecolatina. Un sentido benefactor del retiro y la intimidad en términos de autoconocimiento, autonomía y regeneración que encuentra hoy confirmación práctica en la Psicología, donde el aprendizaje de la soledad en familia es considerado un capítulo necesario para la adecuada formación vital del ser humano.
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