En el imaginario colectivo de la sociedad de posguerra siempre están presentes las duras condiciones de la vida cotidiana. La población infantil fue especialmente sensible a esta situación debido al alto índice de enfermedades infecciosas, el racionamiento dietético y las angustias derivadas del conflicto bélico. En estas condiciones, el Auxilio Social de la Falange fue el encargado de administrar la beneficencia y, a su vez, resocializar la población, en este caso, la infantil, dentro de los valores nacionalsindicalistas y nacionalcatólicos. Ello le permitió no sólo controlar la política social sino también criminalizar a los vencidos en el momento de administrarla. En definitiva, fue uno de los pilares fundamentales en el proceso de construcción del edificio franquista.
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