México
El siguiente texto es un acercamiento al Libro I del Tratado de la naturaleza humana de David Hume desde una perspectiva fenomenológica. El propósito central es mostrar que la articulación entre la impresión y la idea no obedece a criterios ontológicos o empiristas, sino que constituye la estructura fenomenológica en torno de la cual se despliega el mundo. Esto implica una determinada lectura del llamado “Principio de la copia”: las ideas no son “meras representaciones” de las ideas, sino que en el tránsito de estas a aquellas se opera un cambio de estatuto que hace posible el planteamiento de la cuestión de la validez. En este contexto, la causalidad opera como el principio de inteligibilidad que verifica los contenidos de la percepción mediante un criterio de coherencia. En otras palabras, la causalidad (en sí misma indemostrable y, sin embargo, en general irrenunciable) establece el puente entre la facticidad y la validez que constituye la experiencia. Ciertamente, el desarrollo de esta estructura, es decir, la sistematización de la experiencia, es lo que conduce a la constitución de la ciencia. Sin embargo, el texto concluye apuntando hacia aquello que Hume establece como el núcleo mismo de la estructura: el sentimiento de unidad del todo. Lo que se quiere afirmar aquí es, pues, que la lectura del Libro i presenta una exigencia hermenéutica: la lectura del Libro ii y, en general, del resto del Tratado.
The following text is an attempt to read the First Book of David Hume’s Treatise of Human Nature from a phenomenological perspective. The main purpose is to show that the link between impressions and ideas does not respond to ontological or empiricist criteria; it constitutes the phenomenological structure that allows the world to appear. This implies a certain reading of the so called “Copy Principle”: ideas are not “mere representations” of impressions; in the transit between the latter and the former there is a change of statute that opens the question concerning validity. In this context, causality operates as a principle of intelligibility that verifies the contents of perception in accordance with a criterion of coherence. In other words, causality (indemonstrable in itself, and yet unrenounceable in general) establishes the bridge between facticity and validity that constitutes experience. Indeed, the development of the structure, that is to say, the systematization of experience, leads to the constitution of science. Nevertheless, the text concludes aiming at that which Hume establishes as the core of the structure: the sentiment of unity of everything. The statement made here is, therefore, that the reading of Book I presents a hermeneutical demand: a reading of Book II and, in general, of the rest of the Treatise.
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