Madrid, España
El rechazo de buena parte de la población lusa a la integración de su reino en la Monarquía Hispánica explica que Felipe II concibiera la conquista de Portugal en términos militares muy contundentes. La historiografía iberista, primero, y el revisionismo sobre el Prudente, después, intentaron durante décadas crear la imagen de una incorporación lograda prácticamente solo gracias a una inteligente negociación política con sus élites. Esta visión hizo de la intervención armada un apunte secundario, un fenómeno casi anecdótico, hasta el punto de calificarla de “paseo militar”. Sin embargo, lo cierto es que se trató de una operación bélica de enorme envergadura a causa del número de efectivos que participaron, de su complejidad logística, del gasto ejecutado, del impacto de la violencia desplegada y de su larga duración –tres años sucesivos, de junio de 1580 a agosto de 1583–.
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