La ermita de Montemayor, pequeño templo rural próximo a Moguer, fue el único edificio religioso de la ciudad que se libró del pillaje y la profanación durante los primeros días de la guerra civil . Parece lógico pensar que fueron dos las razones por las que la ermita de la patrona logró subsistir en medio de tanta destrucción: su distancia de la ciudad (unos dos kilómetros y medio), y la presencia, en ese preciso momento, de la imagen de la Virgen de Montemayor en la parroquia. No resultó necesario por tanto, en la mente de quienes maquinaron tales actos, el traslado hasta el coto para continuar con la quema.
De estos hechos, enormemente luctuosos para el patrimonio artístico local, se seguiría, pese a todo, una consecuencia positiva: el resto de bienes muebles de la ermita de Montemayor sobrevivió, indemne, para la posteridad. El conjunto, sin ser brillante, cuenta con ciertas obras valiosas, desde el punto de vista artístico tanto como el histórico y etnográfico, por cuanto resumen, plástica y materialmente, el pasado de la devoción hacia la Virgen en la localidad.
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