Don Francisco Carrillo Guerrero encarna y atraviesa la historia de la inspección, desde finales del siglo XIX hasta la mitad del XX, desde la Restauración hasta la consolidación de la Dictadura franquista con su jubilación en 1952. Y, al mismo tiempo, su figura también transita desde la renovación pedagógica más avanzada, cercana a la Institución Libre de Enseñanza, hasta la instauración de un sistema educativo al servicio de un régimen. Representa al inspector completo, formador, escritor, renovador pedagógico, administrador. Recorrió todo el sistema educativo como otros muchos inspectores, maestro de escuela rural, de la escuela de magisterio, de la universidad, inspector auxiliar, inspector central, inspector general.
Nació en Ronda en 1879. Maestro, de familia de maestros, rasgo común con muchos inspectores. Completó su formación en la Escuela Superior de Estudios del Magisterio de Madrid. Ingresó, tras las primeras oposiciones del cuerpo, en 1908. Inspector jefe en 1924, también destinado en Orense, Asturias, Jaén y Madrid. Era doctor en Derecho y en Filosofía y Letras. Fue pionero en la formación de inspectores, impartiendo el primer curso y escribiendo el primer libro de Técnica de la inspección. Introdujo novedades pedagógicas en la órbita de la Educación Nueva, becado para numerosos viajes de estudios a Europa dentro de las actividades de la Junta de Ampliación de Estudios.
Miembro y presidente de la Asociación Nacional de Inspectores, participó activamente en las asambleas de inspectores, especialmente las de 1910, 1921 y la de 1931. Separado del servicio por decreto publicado en la gaceta de la República el 10 de octubre de 1936 y restablecido en su puesto por el bando nacional. Fue también prototipo de inspector escritor, al modo de Agustín Serrano de Haro, A. J. Onieva, o A. Casona y Lorenzo Luzuriaga en la otra órbita. Dirigió colecciones de libros, como Los cien mejores libros de la literatura española, tradujo libros pedagógicos del alemán, inglés y francés.
En definitiva, don Francisco Carrillo constituye uno de los grandes inspectores maestros, con formación amplísima, un gran impulso renovador y al mismo tiempo, un exponente de sus tiempos, con sus dorados y sus grises. Al inspector y a su obra en su diversas facetas y perspectivas procedemos, al modo de un cuadro cubista, a contemplar.
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