Pese a que el virus no «entiende» de distinciones entre grupos sociales, la percepción es que el sida está limitado a ciertos grupos «marginados». El autor expone la existencia de una clara discriminación hacia las personas que están infectadas por el HIV y cómo esto afecta en la prevención de la enfermedad. La realidad es que cuanto mayor es el grado de discriminación, más se dificulta el trabajo de prevención. Sólo la normalización permitirá la integración y el respeto de los afectados por HIV/sida, así como la atención que requiere la propagación de la infección y su prevención por parte de la sociedad y de las administraciones públicas.
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