Desde finales de los ochenta viene produciéndose en España un fenómeno migratorio en aumento: la llegada de menores extranjeros solos e indocumentados.
Se trata de una población muy heterogénea que difícilmente admite generalizaciones. Poco tiene que ver el menor inmigrante que llega de Marruecos con el del África Subsahariana, o con el de los antiguos países del Este, por hacer referencia, únicamente, a los lugares de procedencia más comunes. Los motivos de inmigración son también diversos. Los hay que han recorrido ya varios países, mientras otros llegan directamente. Unos escapan de la violencia y otros tienen razones económicas. Muchos proceden de familias rotas por la guerra y algunos han escapado, alejándose, del maltrato familiar. Otros ya eran niños de la calle en su país y es difícil que aquí dejen de serlo. Detrás de todos ellos, una vivencia común de desarraigo, la clave fundamental para comprender sus reacciones ante las situaciones y dificultades a las que han de hacer frente.
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