La adolescencia es definida como un proceso de transición a la vida adulta, entre la vida escolar y el empleo. Este proceso debería concluir básicamente con la consecución de una adecuada autonomía personal. El acceso al empleo contribuye claramente a esa maduración y autonomía de los jóvenes, ya que puede proporcionarles una serie de elementos valiosos.
Por una parte, independencia. Mediante el trabajo, el/la joven dispondrá de recursos económicos que le permitirán, si así lo desea, tener autonomía de su familia, pudiéndose emancipar y establecer relaciones afectivas y proyectos de vida propios y sin sentimientos de dependencia no deseado. Por otra parte, un instrumento para la socialización. La actividad laboral y el contexto en que se produzca supondrán la aceptación de nuevos códigos y normas sociales diferentes a la escuela y a la familia, es decir, asumir roles adultos. Finalmente, autovaloración. El poder desarrollar una actividad laboral con normalidad supone al joven un reconocimiento social que sin duda le aportará un valor personal que mejorará básicamente su reconocimiento y autoestima.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados