Pese a ocupar una posición marginal en su catálogo, el compositor Pablo Sorozábal alcanzó un considerable éxito popular con la primera de sus dos únicas piezas originales para banda, conocida como Marcha de Deva. Compuesta durante su etapa al frente de la Banda Municipal de Madrid para las Milicias Vascas que defendían el frente madrileño en plena Guerra Civil (1936), esta página se popularizó veinte años más tarde en un contexto ajeno, puramente festivo, pero adquiriría nuevos tintes reivindicativos mediante su arreglo y grabación de 1966. Este proceso de reciclaje musical ilustra las dinámicas de resignificación de un texto sonoro en coyunturas políticas y sociales divergentes. Proyectado sobre ese trasfondo cambiante, el análisis de la partitura y, en especial, de las connotaciones de los tópicos de la música vasca allí manejados revela tanto la singular idiosincrasia contestataria del autor como el relieve cultural de una obra aparentemente circunstancial.
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