Lo más constante de la vida es el cambio, y fluir en los acontecimientos de la vida nos permite crecer, nutrirnos y avanzar en este sinuoso camino. Pero necesitamos certezas en ese camino, y una de ellas es la seguridad de una clase, como cobijo, y sus rutinas y ritos, que otorgan refugio, y otra es la mirada atenta de adultos, que cuidan, acompañan y guían de la mano, soltándola cuando es necesario para aprender a caminar.
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