A principios de la Segunda Guerra Mundial, vencida Francia por la Alemania de Hitler, Franco aprovechó la coyuntura para exigir la devolución, al país vecino, de varias señeras obras de arte españolas, corno la Dama de Elche y algunas pinturas como la Inmaculada de Murillo. Un año antes, en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, un joven académico realizaba una clara propuesta en este sentido. Franco obtuvo un éxito propagandístico con la devolución de alguna piezas singulares de arte.
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