Filipinas fue el exótico y fascinante mundo oriental del Imperio español; el lugar donde se cumplieron los sueños de asomarse a China y a sus misterios. Filipinas fue el límite alcanzado por los españoles en su impulso descubridor. Una tierra nueva, desconcertante y hermosa, dura y muy lejana; un Nueva Castilla, hermana de las anteriores pero quejumbrosa y a veces solitaria, pendiente del batir de las olas que traía noticias de tierras americanas y de otras aún más distantes. Un mundo como no habría otro igual.
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